Entrevista a Carmen Cabestany, profesora y secretaria de la Asociación No al Acoso Escolar

Cuando preguntamos en nuestras encuestas tras los encuentros qué temas quería el público que tratásemos en futuros eventos, el acoso escolar o bullying aparecía entre los asuntos más demandados. En nuestro tercer encuentro, contamos con una experta de excepción, que denuncia con firmeza y gran sensibilidad esta lacra social. Carmen Cabestany, de la Asociación No al Acoso Escolar (NACE).

¿Crees que el problema del acoso escolar es más grave que en otras épocas ahora o que simplemente somos más conscientes de él?

En mi opinión, es más grave porque se ha extendido, y no solamente en número de casos (uno de cada cuatro chavales), sino en alcance. El ciberacoso, modalidad que antes no existía, hace que ya nadie esté a salvo, ni siquiera en su propia casa. Por otra parte, actualmente el acoso es más “refinado”, más sibilino, más cruel… Es cierto que algunos somos más conscientes, pero la mayoría de la gente no tiene ni idea de lo que supone el fenómeno “acoso escolar”, y eso es muy grave porque, si no se conoce, difícilmente se ve la necesidad de prevenirlo o de actuar contra él. Es cierto que cada vez se habla más del tema, sobre todo porque está habiendo demasiadas muertes y eso hace que el acoso esté en los medios, que se aborde en programas de televisión, de radio… pero siempre con poco tiempo, con flashes… Es necesario que se haga una labor seria de concienciación de la sociedad, especialmente de la comunidad educativa.

¿Cómo podemos los padres y las madres prevenir el acoso escolar desde casa?

De varias maneras: conociendo bien a nuestros hijos, informándonos, ejerciendo una educación responsable en todo lo que supone móviles, redes sociales… Los padres debemos mostrar cercanía e interés por nuestros hijos, de modo que se favorezcan el diálogo y la confianza. Pensemos que menos del 15 % de los chavales confiesa a sus familias que están siendo víctimas de acoso escolar. ¿Por qué? Por vergüenza, sentimiento de culpa, miedo a la reacción paterna respecto al colegio… y, sobre todo, porque ellos quieren salvaguardar a sus padres evitándoles un disgusto. También es básico que estemos bien informados para que podamos detectar señales que pueden indicar que nuestro hijo está sufriendo bullying: tristeza, insomnio, reacciones agresivas, ropa o material dañados… y el “síndrome del domingo por la tarde”: “Me encuentro mal, me duele la barriga, mañana no puedo ir al cole…”. En cuanto al ordenador, móvil, etc., los padres deberían controlar el tiempo en que sus hijos están conectados, qué páginas visitan, con quién chatean… Los ordenadores deberían estar en zonas comunes y los adultos tendrían que conocer las contraseñas de sus hijos.

¿Cómo podemos combatir el acoso escolar desde casa, una vez que se ha producido, tanto si nuestro hijo acosa, como si es acosado como si es espectador?

Creo que es fundamental formar a nuestros hijos en la solidaridad, la libertad, la empatía, la bondad, la responsabilidad, el sentido crítico, la ética, el reforzamiento de su autoestima, el sentido de la justicia…Si nos informan de que nuestro hijo acosa, hay que tomarlo en serio, investigar, analizar sus conductas del modo más imparcial posible y, si creemos que eso es cierto, abordar con él el tema abiertamente y corregirlo. Obviamente, un acosador rara vez reconoce de entrada su comportamiento… Si, por el contrario, nuestro hijo es la víctima, hay que acercarse a él con mucho tacto y respetopara que confíe en nosotros y nos cuente… Hay que escucharle con serenidad, apoyarle y decirle que vamos a hacer todo lo posible por ayudarle a solucionar el problema. Debemos decidir “con él” y no “por él”, pues es fundamental para su recuperación sentirse partícipe de las actuaciones que se emprendan. En el caso de que nuestro hijo sea espectador, hay que concienciarle de que es un “acosador pasivo”, un cómplice de lo que está sucediendo. Hay que decirle que le podría haber pasado a él o le puede pasar mañana. Hay que hacerle ver que no se puede permitir que alguien avasalle, injurie o dañe a otro de ninguna manera. Hay que convencerle de que lo suyo es unirse a los demás testigos, que son la mayoría y, entre todos, poner el tema en conocimiento de los adultos y apoyar al que sufre. Hay que eliminar radicalmente el concepto de “chivato”, tan mal entendido… Y algo muy importante: hemos de ser conscientes de que nuestros hijos son esponjas, son críticos, son muy listos… No les podemos pedir que hagan algo que nosotros no hacemos. Quizás convendría revisar nuestras propias conductas con familiares, amigos… y ver si no incurrimos, en ocasiones, en comportamientos poco solidarios.

Dices que la intervención de un profesor de hecho a veces ha significado la diferencia entre la vida y la muerte. ¿Cómo deberían intervenir los profesores?

Los profesores deberían tener claro que, frente al bullying, TOLERANCIA CERO. Deberían estar formados en educación emocional y en acoso escolar para aprender a prevenirlo, detectarlo y, si es el caso, intervenir. Este tema se debería abordar ya seriamente en las escuelas de Magisterio y debería haber cursos de Formación del Profesorado promovidos por las instancias educativas. Pensemos que el acoso permanece oculto y, si el profesor no está entrenado, es difícil detectarlo. Una vez detectado, hay que abordar el problema de frente y con valentía, y no mirar para otro lado. Y, por último, hay que hacer una buena intervención actuando de modo global: blindar a la víctima para que no haya más agresiones, frenar definitivamente al acosador informando a su familia, sancionándolo si es preciso, pero sin olvidarnos de que él mismo puede ser víctima de conductas violentas por parte de su familia u otros, y eso también hay que abordarlo… Hay que actuar sobre los testigos, concienciándolos de su responsabilidad y eliminando la ley del silencio y, si es preciso, hay que cambiar de clase o de centro al agresor, nunca al agredido. Respecto a la víctima, necesita que se le pida perdón de corazón. Eso la ayuda a recuperarse. Si fuera preciso, habría que buscar ayuda terapéutica. Sobre todo, no hay que caer en el error de pensar que el acoso es sólo físico, y que si no le dan una paliza a alguien no hay acoso. Tampoco hay que caer nunca en excusas simplistas ni en errores de atribución: “Son cosas de niños…”, “Ya le va bien espabilarse…”, “Es que él es raro, no tiene habilidades sociales…”, “Él tampoco es un santo…” Esta actitud pasiva, antipedagógica e inhumana, deja a la víctima en absoluta indefensión y hace que no confíe en los adultos que deben protegerla. Aunque hay buenos docentes que sí actúan, cuando se pregunta a un niño acosado por qué no se lo ha dicho a los profesores, no es extraño que la respuesta sea “Porque no hacen nada…”. Recordemos que los centros educativos son responsables de los alumnos durante el tiempo en que estos permanecen a su cargo y deben garantizar su seguridad.

Dices que quizá falta sensibilización en la sociedad para acabar con esta lacra y llama la atención que los profes de Carlos quitaran importancia al asunto. ¿Qué ideas sugerirías para sensibilizar a la sociedad, que lo dejen de ver como “cosas de niños”?

Entiendo que nuestras autoridades deberían promover campañas de concienciación a gran escala como se hizo en su día con la violencia de género; las instancias educativas, dar a la educación emocional la importancia que merece, y diseñar un plan preventivo de gran alcance contra el acoso escolar; los medios de comunicación, ofrecer espacios amplios donde los especialistas puedan abordar este tema con tiempo suficiente, para que el público entienda bien de qué estamos hablando; los servicios médicos y sociales, estar muy atentos al tema y actuar con celeridad y diligencia.

¿Cómo combatís el acoso escolar desde NACE, qué actividades realizáis?

Nuestra labor es muy amplia. Hacemos cursos para profesores, para padres, para monitores… Damos charlas informativas, participamos en congresos, aparecemos en los medios, atendemos consultas de toda España, tenemos proyectos nacionales e internacionales contra el acoso, llevamos un programa de radio llamado “La voz del silencio”. En fin… no regateamos esfuerzos para proteger a los menores y conseguir la erradicación de esta lacra social.

¿Por qué te has animado a participar en Gestionando Hijos?

Porque nuestra Asociación siempre participa en cualquier acto o evento que contribuya a arrojar luz sobre el problema; porque como docente no puedo permanecer impasible frente al sufrimiento de los niños; porque me encanta tener la oportunidad de dirigirme directamente a tantos padres; y porque creo que es un magnífico congreso.

¿Qué mensaje central quieres transmitir?

Que, frente al acoso escolar, TODOS SOMOS RESPONSABLES.

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