Las consecuencias de no poder corregir al menor

Las consecuencias de no poder corregir al menor

familia, Justicia, magistratura, mediación, menor

  • Francisco Serrano Castro

    Participante:
    Llevo años diciendo que vivimos en una sociedad hipócrita,  llevo años anunciando que reformas legislativas fruto de  experimentos de imposición ideológica de extrema izquierda , nos iban a a llevar a una ruina moral de consecuencias imprevisibles y dramáticas.
     
  • Como a Casandra de la Iliada, pregoné en el desierto, pero los  sectores pseudoprogresistas al final han terminado por imponer sus dogmas. Entre ellos ha estado el de empoderar a los menores, restando autoridad a padres, madres y maestros, que ni pueden corregir ni educar por el riesgo de ser denunciados por comportarse como unos criminales que no toleran la libertad de unos niños y adolescentes que se sienten lesionados cuando reciben un no por respuesta.

    Hasta Diciembre de 2007 se les reconocía a los padres  el derecho a corregir razonable y moderadamente a sus hijos. Ahora no, desde entonces el padre o madre al que se le ocurre la criminal y fascista idea de reprender, castigar, corregir….. resulta que es un maltratador.

    Lo malo es que para educar en valores es necesario poder corregir, marcar los límites que no se pueden sobrepasar. Sin embargo detrás de ese revolucionario experimento social,  lo que se encuentra es la premeditada generación de una masa social de jóvenes sin esos valores y principios que son imprescindibles para una pacífica convivencia. Una masa indisciplinada, convencida de que todo vale y de que los derechos no se encuentran  equilibrados con responsabilidades y obligaciones, y en la que, incluso, en casos más extremos, surgen comportamientos violentos, menores que llegan a matar, violar y cometer crímenes atroces que encienden las alertas de esa sociedad adormecida.

    Por lo tanto el problema principal de la existencia de menores  violentos, menores que delinquen, no radica sólo en  la propia  ley penal que les ampara y justifica en atención a la edad, sino en la previa limitación y restricción a la posibilidad de corregir y evitar que se puedan producir esas conductas a una edad en la que se reúne capacidad para hacer daño.

    Afortunadamente frente a esa juventud convencida de que todo lo puede y de que, de hecho, termina afianzándose en la idea de  que ” podemos”, existe otra  sana y educada en esos valores y principios, cristianos y humanistas que han de ser la base para que  nuestra civilización no pierda la esperanza  en un futuro mejor y en no estar condenada y abocada a la extinción.

     

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