André Breton o el automatismo escritural de la libertad

André Breton o el automatismo escritural de la libertad

  • “Jamás he transgredido las tres causas que siempre he abrazado: la poesía, el amor y la libertad”, expresaba serena pero enérgicamente André Breton, ese maravilloso genio fundador del surrealismo.
    Sostener estas palabras es un acto heroico. Mantenerse firme – aunque el entorno claudique – es la plenitud de la grandeza.
    Octavio Paz, que lo conoció cuando llegó a París en 1946, cuenta que Breton tenía dos caras. Por un lado era una persona tremendamente vitalista, honesta y de gran simpatía personal, pero por el otro lado un ser muy intransigente; no en vano se ganó el apodo de “papa del surrealismo” por la obcecación con la que defendía los principios del movimiento y castigaba con la expulsión a aquellos que se desviaban de su principios morales o artísticos. Como lo hizo con Dalí (la contracara también de su escritura).
     
    Asimismo, Marcel Duchamp le dedica estas palabras No he conocido a ningún hombre que tuviera mayor capacidad de amor, mayor poder de amar la grandeza de la vida. No se entenderían sus odios si no fuera porque con ellos protegía la cualidad misma de su amor por la vida, por lo maravilloso de la vida. Breton amaba igual que late un corazón. Era el amante del amor en un mundo que cree en la prostitución. Ese es su signo”.
    Es lógico, cuando no hay dicotomía entre el pensar y el vivir, todo grafismo aparece entonces como testimonio, como presencia y como testamento. Por favor, miren la belleza de su grafismo… Siempre fue similar a lo largo de sus 70 años de vida…
    • Predominio de la Forma, homogeneidad, cadencia, sobriedad, estabilidad, proporcionalidad, trizonalidad reducida a una agitada zona única, regularidad del trazo y de cohesión, fineza, pequeñez, precisión, el increíble “mantiene il rigo” morettiano…
      Todo es protección y salvaguardia. El mecanismo defensivo de la represión, la prudencia, el miedo a ser señalado como corrupto y la defensa perfeccionista, perfeccionadora y perfecta, deambulan como emergentes contra fóbicos.
       
      Y – buscando engañarnos – la fuerza revolucionaria de Breton, su energía temperamental y su carácter subversivo tratando de pasar desapercibidos; intentando no mostrar su ira reprimida y “re-mordida” para que su perfil ético no se vea alterado (ese perfeccionismo buscado de toda estructura 1 eneagramática).
       Pero – lamentablemente – sus vibraciones escriturales, sus agitaciones gráficas, sus cortes abruptos de la continuidad gráfica como su firma sobrealzada y superior al texto… lo delatan.
      La escritura no puede mentir. Es verdad por antonomasia. Los que la observamos y buscamos interpretar ese Yo buceando en el espacio vital de todo ser humano, podemos ser ciegos, miopes o águilas.
       No interesa. La escritura manuscrita fue, es y será siempre memoria histórica.
       Aunque los popperianos cacareen, chillen, balen, relinchen, rebuznen, gruñan, ladren o twiteen.
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