La belleza del Teatro Kabuki enamora a Madrid

 La belleza del Teatro Kabuki enamora a Madrid en el 150 aniversario de las relaciones entre España y Japón

Por Ana Núñez (ananunez@revistanuve.com)

30 de junio de 2018. Madrid.

Se cumplen 150 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre España y Japón, siglo y medio de amistad que ambos países celebran con actividades inéditas hasta el momento. Entre ellas, la visita, por primera vez en España, de la Compañía de Kabuki “Heisei Nakamuraza”, uno de los nombres artísticos más prestigiosos en su país. Organiza la Embajada de Japón en España.

Las dos obras que se representan en estos días en los Teatros del Canal –Fuji Musume y Renjishi-sorprenderán al espectador por la enorme belleza del Teatro Kabuki.Pura magia que une colores, ritmos, cantos, música, danza…gracias a una cuidada escenografía y coreografía, la complejidad de su vestuario y maquillaje y, sobre todo, la destreza de sus actores. El origen de este arte se remonta a más de 400 años y en 2005 fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

 

 

 

 

Pero, ¿por qué estas obras y no otras para presentar el Teatro Kabuki en España? El actor Kankuro Nakamura explica que “se trata básicamente de bailes y, al existir en España otro arte tradicional con palmadas y taconeos como el flamenco, pensamos que serán divertidos y fáciles de entender para el público español”, convencido de que “al ver la coreografía entenderán las expresiones y sentimientos que se representan, como el enfado o la alegría.” Espera sentir así una gran satisfacción en su interacción con el público, “la emoción directa a través de los espectadores es una sensación única, sobre todo aquí en España, que es el país de la pasión”.

 

El Teatro Kabuki, cosa de hombres

Fuji Musume (en español, “La joven de la glicina”) inunda el escenario con los estilizados movimientos del personaje protagonista, una joven que con su danza representa el amor y la belleza. Sorprende, sin embargo, saber que en el Teatro Kabuki no pueden actuar mujeres, sino únicamente hombres: en este caso, quien baila ante el espectador es el actor Shichinosuke Nakamura, familiarizado desde niño con este rol femenino que, explica, “no se trata de un hombre o una mujer, sino un ser vivo llamado onnagata”.

La onnagata es una de las principales peculiaridades del Kabuki. Con sus movimientos cortos y controlados de brazos y manos, sus hombros caídos, las rodillas dobladas, y un andar femenino y delicado, pretende, según el actor “expresar las sensaciones de una mujer más que imitarla”, y añade “intento que sea más sensual que una mujer, expresar su belleza interior”.

Curiosamente la primera referencia escrita al Kabuki, que data de 1603, menciona las danzas sensuales de un grupo de bailarinas en un escenario provisional a orillas del río Kamo, en Kioto. Este género dramático de la música y la danza nació, por tanto, de la mano de unas mujeres cuyos bailes y sainetes alcanzaron una enorme popularidad, pero se ha consolidado desde 1629 como un teatro cuyos actores son exclusivamente hombres. ¿La causa? Los desórdenes sociales que aquellas mujeres causaban entre la población, que llevaron al shogunato Tokigawa a prohibir aquel tipo de teatro.

Renjishi, la segunda obra que ofrece la Compañía “Heisei Nakumaraza”, fue representada por primera vez en 1872. Basa su escenografía en la recreación del monte de una deidad budista, una montaña escarpada que guardan los shishi, animales imaginarios con figura de león y protagonistas de esta pieza. La leyenda habla del amor severo, pero profundo, de uno de estos leones, que arroja a sus hijos al fondo de un valle y cuidará únicamente a aquél que consiga regresar.

 

El maquillaje, clave en la preparación del personaje

El color del héroe, el rojo, el del villano, el azul, para los espíritus, el marrón, y así nos adentramos sucesivamente en el simbolismo expresivo del maquillaje en el Teatro Kabuki. Cada actor se maquilla a sí mismo como parte esencial de la preparación del personaje a interpretar aunque, como recuerda el actor Ichou Nakamura, donde uno siente realmente que está preparado es “en los ensayos”.

Maquillarse y vestirse lleva 30 minutos al actor, que necesita un ayudante dada la complejidad, en especial, del vestuario y la dificultad para ponerse . Los aceites sirven como base de maquillaje para fijar los colores, para borrar rasgos como, por ejemplo, el rastro de las cejas, y sobre ellos los polvos blancos y las líneas dibujan el rostro del personaje.

Un arte que se aprende de generación en generación

La transmisión de la tradición se realiza en el Kabuki de forma vertical, de padres a hijos, siendo “Heisei Nakamuraza” es una de las compañías más conocidas en su país, que cuenta ya dieciocho generaciones de actores y se caracteriza por unir la innovación con la más rigurosa tradición.

El actor Shichinosuke Nakamura señala que el Kabuki “es un aprendizaje eterno”, y comenta: “estamos muy orgullosos de haber nacido en esta casa. Hay formas, sentimientos y experiencias establecidas que tenemos que desarrollar, y cuando tenemos un papel nuevo o un papel importante sentimos una gran presión; es un momento en el que nos dan fuerza los aplausos y también el recuerdo de nuestro padre.”

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