¿Por qué estudiar un año en el extranjero?

¿Por qué estudiar un año en el extranjero? 3

 

¿Cuánto puede costar esta experiencia?

¿Cómo organizarlo?

¿Cuándo empezar?

¿Dónde preguntar?

¿Qué eligir?

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Más de 2.500 estudiantes de entre 12 y 18 años viajan cada año al extranjero para realizar un año escolar siendo Estados Unidos, Irlanda e Inglaterra los destinos más solicitados.

 

A lo largo de los años se ha demostrado que realizar un curso escolar en el extranjero es la forma más eficaz y enriquecedora para jóvenes de todo el mundo de obtener una formación académica y personal excepcional. Además de disfrutar de una gran experiencia, los estudiantes vuelven con un nivel del idioma excelente lo que les abre muchas puertas a muy corto plazo.

 

Muchas familias quieren que su hijo curse un año fuera, sin embargo no saben qué edad es la más adecuada, qué país elegir y cuáles son los requisitos. La elección depende de numerosas variables como son el coste del programa, la distancia y la edad del participante. El nivel de idioma también hay que tenerlo en cuenta porque no todos los colegios admiten un conocimiento bajo.

 

Estudiar un año en el extranjero implica muchos cambios, y el primero de ellos es irse del propio país. No es fácil dejar todo y marcharse pero las ventajas que aporta esta aventura son para toda la vida. El año escolar se presenta como un proyecto rico en experiencias: convivir, estudiar dentro de otro sistema educativo, relacionarse con gente diferente, hacer amigos, conocer otra cultura, madurar y aprender a tomar decisiones son algunas de ellas.

 

Es fundamental que el estudiante quiera participar y sus padres estén convencidos del programa que sea una decisión consensuada y meditada.

 

Cada alumno es diferente, su grado de madurez y sus necesidades específicas, hacen que cada caso sea único. Lo más apropiado para participar en un programa tan complejo es ponerse en manos de una empresa experta capaz de gestionarlo con éxito.

 

Testimonio de una estudiante:

Cristina volvió de Colorado donde estuvo un año escolar como estudiante de la empresa GET READY en un programa de colegio público.

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No quiero pasar más tiempo sin expresar mi gratitud a Get Ready. No sé si mis palabras podrán plasmar los sentimientos que llevo grabados en mi memoria.

Hace diez meses me marché a USA, al estado de Colorado. Quería mejorar mi inglés, pero ahora ese motivo no es más que una anécdota. En Littleton he encontrado una familia maravillosa. De su mano he conocido las costumbres más genuinas de este gran país. He disfrutado de Halloween y he degustado las típicas comidas de Acción de Gracias. He conocido grandes nevadas durante el invierno. Verdaderas postales navideñas, en las Montañas Rocosas. He vivido una Navidad en familia, donde no faltaron mis abuelos maternos: Courine y Ray. He reconocido a Santa Claus y se portó muy bien conmigo. Celebré un San Valentín divertido y original, muy al estilo americano.

También he viajado durante este tiempo. Primero fue a Carolina del Norte y del Sur. Allí visitamos a la abuela paterna, Shirley. Es una mujer independiente y entrañable, que me recibió con regalos sureños. Me acogió en su casa colonial, de madera blanca y me sentó en su enorme mesa. He ido varias veces a Breckenridge, una estación de esquí, tan bonita en invierno, como en verano. Hemos disfrutado del paisaje, de la nieve y de sus piscinas al aire libre. En Semana Santa, he viajado a California. He navegado en su barco por la bahía de San Diego. He visitado Legoland, un delfinario, un parque de atracciones…

Jerry, mi padre americano, es pintor de profesión. Me ha permitido pintar en sus lienzos y hasta me ha regalado un cuadro por mi graduación. También me ha llevado a ver su equipo preferido de fútbol americano, Los Broncos. He disfrutado con sus shows tanto en casa como en galerías de arte.

Con Lindsy y Anthony he compartido las misas de los domingos, cines, museos y conciertos. Hemos sido cómplices de compras y peluquerías. Ella ha sido mi asesora a la hora de elegir mi vestido de Prom y las invitaciones para mi graduación. Siempre me han arropado en los momentos más importantes, durante mi estancia allí.

El niño ha sido como un hermano. Él hizo una pancarta para recibirme en el aeropuerto, hemos jugado al dominó y al ajedrez, ha probado mis tortillas de patatas, me ha querido y me ha admirado como a una hermana mayor.

Pero no he dejado sólo una familia. También se han quedado los vecinos con los que celebré cumpleaños, fiestas de Año Nuevo y despedidas. He dejado tantos amigos que se han quedado en mi anuario, con sus fotos y sus dedicatorias.

Tengo un magnífico recuerdo de Highlands Ranch High School. Encontré compañeros con los que compartir autobús, comida y diversiones. También he tenido buenos profesores. Mi coordinador Phil, ha estado pendiente de hacerme las cosas muy fáciles. Me siento orgullosa de haber recibido una educación tan práctica: he hecho joyas, he diseccionado un gato, he aprendido álgebra, historia, biología…y he conseguido muy buenos resultados.

Me hubiese gustado tranquilizar a padres y alumnos, que como yo, han decidido probar un año académico en USA. Sabéis que no puedo a causa de los exámenes de selectividad, pero mi testimonio es este.

Ahora todo está reflejado en mi gran álbum de fotos, pero sobre todo en mi corazón. Por todo esto, quiero dar las gracias a todos ellos y también a vosotros. Siempre os estaré profundamente agradecida. Con todo mi cariño.

Cristina Félix Santamaría